¿Por qué?

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En la primavera del año 2004 Francia se movilizó contra la decisión del gobierno del primer ministro Jean-Pierre Raffarin, un conservador seguidor de una política económica liberal, que promovió una bajada de la inversión en I+D. En esos momentos Francia gastaba más del 2.2% de su PIB en ciencia, lo que quizás pareció excesivo al gobierno Raffarin. Al conocer la medida los científicos se echaron a la calle organizando multitudinarias manifestaciones, haciéndonos ver la importancia que tiene la ciencia para los franceses.

Los científicos franceses se movilizaron por tierra, mar y aire

Los científicos franceses se movilizaron por tierra, mar y aire

Pero los científicos franceses hicieron algo más que manifestarse y pedir el apoyo del resto de la sociedad, más de 2.000 científicos (976 directores de unidad de investigación y 1.100 jefes de equipo) presentaron su dimisión de todos sus cargos de gestión para presionar al gobierno. Esta dimisión en masa (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2004/03/09/medicina/1078836458.html) fue presentada en un acto público multitudinario en Paris bajo el lema “Salvemos la investigación”. Este acto fue secundado por manifestaciones multitudinarias en otras grandes ciudades francesas.

En estos momentos la ciencia en España vive una situación muchísimo peor que la francesa: desde el año 2009 la inversión en I+D pública ha caído desde cifra cercanas al 1% del PIB hasta el 0.59%, a la vez que se han destruido una gran cantidad de empleo en el sector (por ejemplo el CSIC ha perdido el 12% de sus trabajadores). No voy a decir que no se ha hecho nada a nivel de protesta, ya que se han presentado algunas cartas o se han realizado alguna que otra manifestación, pero nada comparable a lo ocurrido en Francia: nadie ha dimitido, no se han realizado huelgas y se pueden observar ausencias más que significativas en las pocas protestas que se han llevado a cabo. Ante eso sólo queda preguntarse ¿Por qué?. Mientras no seamos capaces de encontrar una respuesta honesta a esa pregunta nuestro sistema I+D seguirá siempre igual: a merced de los vientos que soplen y mirando a los gigantes de la ciencia del planeta desde la platea del escenario donde se toman las grandes decisiones. Yo tengo una respuesta que es, por usar un lenguaje educado y muy de actualidad, políticamente incorrecta, pero me la guardo para otro día; aquí me gustaría conocer vuestra opinión.

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7 Respuestas a “¿Por qué?

  1. Yo ya reflexioné sobre esto en Clase, cultura y conflicto en la ciencia española – Nuevas movilizaciones después del 14J:

    “Uno de los efectos más evidentes de las crisis que sufrimos es cómo se está alterando el relato que las clases medias, hegemónicas culturalmente, realizan del mercado laboral. En este texto vamos a centrarnos en un nicho clásico de empleo de la clase media, como es el mundo académico y científico. Ahora mismo se están dando diferentes iniciativas y movilizaciones para salvar la ciencia en general y el CSIC en particular, impulsadas por un sector muy corporativista y tradicionalmente desmovilizado. La poca combatividad del sector está muy relacionada con la escasa fuerza (afiliación) y apoyo con el que cuentan los sindicatos, cuyo origen podemos explicar analizando los vínculos sociales y económicos de la mayoría de las personas que pueden dedicar su vida a la investigación”. TEXTO COMPLETO => http://info.nodo50.org/Clase-cultura-y-conflicto-en-la.html

  2. En mi opinión hay varias causas:
    Primera: ,el respeto a la investigación y a la importancia de la misma, no es algo en lo que estemos educados en España. Cualquier investigador español siente que se le trata como investigador mucho mejor fuera de España que en España. Fuera, “se nos rifan” como decía el presidente del CSIC, y en España, nos “deshacemos” de ellos y no nos financian, porque parece que “gastamos” y “molestamos” para el modelo de España en que estamos encasillados.
    Segunda: hay mucha gente que tiene “miedo” si sale a la calle a manifestarse, como lo hicieron los franceses. ¿Será porque no quieren ir en contra de los políticos o de la clase dirigente, por si les pudiera pasar algo?
    Tercera: la comodidad también es una opción. Que se muevan los jóvenes que tienen que luchar por su futuro, yo ya tengo la vida resuelta. Y si no me dan dinero para investigar, me voy a mi casa, pero como soy funcionario, tendré mi sueldo igualmente………
    Podría añadir una cuarta: vocación y amor por lo que haces. Aunque para algunos las tres razones anteriores, son más poderosas que esta última..

    Luisa-María, investigadora del CSIX

  3. Expongo aquí las razones que, en mi opinión, explican esta situación, y que se solapan en parte con las que se han descrito en los otros comentarios:
    – El estrato social del que proviene una gran parte del personal de los centros de investigación son clases medias poco acostumbradas a movilizaciones, a las que los sindicatos les suenan a cosa de otro planeta y las manifestaciones a lo que hacen “los que protestan”. Esto hace que no lleguen ni siquiera a plantearse que “los que protestan” puedan ser también ellos mismos. Dicho esto, creo que en los últimos años, y fruto de que un sector de la clase trabajadora ha podido acceder a la universidad (cosa que ahora se quieren cargar), han llegado a los centros de investigación un pequeño sector con otro origen social. Pero, a pesar de este pequeño cambio que creo que se ha dado en la composición social de los centros de investigación, la conciencia que se sigue teniendo es la de que no somos trabajadores (no sé entonces qué es lo que somos) y, por tanto, las movilizaciones que hacen ellos no van con nosotros. Por ejemplo, es común que el día antes de una huelga general alguien diga “a ver cómo está mañana el tráfico con eso de la huelga”, como algo totalmente ajeno, sin haberse planteado siquiera que él también está convocado a la misma.
    – Existe un grado importante de autoexplotación y precariedad admitida como inevitable en el sector, lo que creo que está derivado en gran parte del punto anterior. Parece que se asume que un verdadero científico es sólo aquel que trabaja a cualquier hora del día y no conoce fines de semana ni vacaciones (o, al menos, pasa ese tiempo en el laboratorio, sea después más o menos productivo), y cuando uno reclama sus derechos como trabajador es que no es un buen investigador.
    – Sistemas de funcionamiento poco transparentes y basados muchas veces en el principio de autoridad y/o la costumbre. Sabemos que cada departamento suele funcionar como un reino de taifas, donde nunca se tienen claras las normas de funcionamiento, o donde éstas son contrarias a las del departamento de al lado. Y estas normas no suelen venir de decisiones democráticas y transparentes, sino del “aquí eso nunca se ha hecho” o “esto siempre ha sido así”, lo que hace que muchas veces una persona no sepa hasta qué punto puede hacer una cierta reclamación, impulsar una protesta, etc. y que se encuentre con una serie de barreras invisibles. Igualmente, el tutelaje y la relación personal tan directa que existen en la investigación científica (sin que, como planteaba antes otra opinión, existan mecanismos de arbitraje externo) hacen que cuando el investigador responsable dice el día antes de la huelga “mañana hacemos tal experimento”, aquellos que estén por debajo de él no se sientan con la fuerza de decir que ellos no acudirán al día siguiente o, incluso, asuman que dado que el investigador responsable habla de trabajar mañana, eso quiere simplemente decir que “aquí mañana no se hace huelga”.
    – Lealtad mal entendida. Ciertas personas consideran que acudiendo a manifestaciones o haciendo declaraciones sobre la situación de la ciencia en España se perjudica al CSIC o al organismo que sea, sin entender que, precisamente porque nos preocupa la situación en la que se encuentra la investigación y porque queremos defenderla, hacemos este tipo de cosas.
    Y todo esto, ¿en Francia no ocurre? Pues, según mi experiencia personal (y, por tanto, subjetiva y parcial), a partir del periodo en el que estuve como postdoctoral en ese país, ocurre en muchísima menor medida. En particular por lo que se refiere al primer punto. Creo que allí la conciencia de las personas que trabajan en investigación de que son precisamente eso, trabajadores, y de que comparten muchas cosas con los de otros sectores, es mucho mayor, y esto hace que las movilizaciones sindicales se entiendan mucho más como propias, que se cumplan los horarios laborales establecidos o que haya una mayor sensibilidad hacia problemáticas laborales (recuerdo una masiva campaña de firmas que se hizo en mi centro cuando una administrativa denunció acoso laboral por parte de su supervisora. En ese momento había habido varios suicidios en France Télécom por acoso laboral y en seguida hubo una gran solidaridad para no permitir que ese tipo de cosas ocurrieran en nuestro centro).

    PD Un pequeño inciso en relación a la pregunta que lanza DGA en su artículo sobre quién se puede permitir realizar cuatro o cinco años de doctorado: la mayoría de la gente que ha hecho un doctorado se lo pudo (nos lo pudimos) permitir gracias a una beca-contrato predoctoral que garantizaba un sueldo mensual; en la forma en que el artículo está escrito parece que los doctorados se suelan realizan sin financiación y sean por tanto accesibles sólo para quien tenga medios económicos.

  4. La respuesta es muy sencilla: sólo hay que ver el valor que los contertulios de diferentes blogs/webs le dan al tema cultural; lo mismo para el tema científico. Imagino que en esto también se producen procesos selectivos… Cada uno tendrá lo que se merezca, que dice sabiamente el refrán. Mi consejo el de siempre: ¿Eres científico o intelectual -cualquiera que haga un trabajo con su cabeza- español de mediana edad? Coge las maletas y ve a conocer mundo.

    Saludos.

  5. ¿Mi opinión? (en la medida de lo que vale) No es sólo un sector determinado. La totalidad de la sociedad española está anestesiada, se le ha convencido en la fe ciega en los estamentos y una escala de valores tan variopinta que va desde defraudar impuestos y evitar pagar multas en la medida de lo posible a la vez que se defiende la discriminación por nacionalidad, género, orientación sexual e ideología tanto de manera abierta como de tapadillo, hinchando pecho orgulloso de ser español e ignorando el valor de lo que se ha perdido en pos de una fatua ganancia. Todo esto se ha logrado gracias a una intensa campaña (que desde luego no acabó en la transición ni mucho menos) dedicada a inseminar la idea en este país de que nuestro sitio (ergo función) en el mundo es inamovible por nuestra idiosincrasia, enmascarándola de falso patriotismo.

    Poca gente pilla esto:

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    Sun salud☼.